Por: Jose Giron Sierra, Instituto Popular de Capacitacion-IPC
Puede sonar a exageración para algunos, pero por lo menos en los últimos 30 años los efectos deletéreos del conflicto armado, ya sea en sus expresiones rurales o urbanas y provocado por la acción de las derechas o de las izquierdas, son atribuibles al narcotráfico como uno de los grandes responsables en tanto cambió con su presencia, de una manera radical, la dinámica de la guerra hasta el punto de que el gobierno se haya visto obligado a negociar en varias oportunidades con estas organizaciones : Una de ellas, la adelantada durante el Gobierno de César Gaviria que permitió la entrega de Pablo Escobar y la última, con el paramilitarismo, negociación que en el fondo permitió que un grupo importante de narcotraficantes se postularan para los beneficios otorgados por la Ley de Justicia y Paz. Esto vale la pena recordarlo pues aun causa sorpresa, escozor y hasta repudio cuando se habla de negociaciones con los narcotraficantes o de legalizar las drogas.
Después de diez años de implementación del plan Colombia, acuerdo firmado entre el Gobierno de Andrés Pastrana y los EEUU, quizás el esfuerzo militar mas ambicioso concebido para la derrota del tráfico de estupefacientes, el balance es de una precariedad casi absoluta. Aparte de los miles de millones de dólares gastados en un país donde casi la mitad de la población vive en condiciones de pobreza, las miles de muertes entre civiles y militares, los millones de despojados de la tierra, los impactos en la corrupción y en toda la estructura de valores de la sociedad y los irrecuperables daños ocasionados al ecosistema por la tala de bosques y las fumigaciones, no podrán justificar una estrategia así ella hubiese sido exitosa. La cruda realidad lo viene demostrando que el mercado de estupefacientes en muy poco se ha modificado y su negocio no ha dejado de ser si no el más uno de los más lucrativos.
En un ambiente global matriculado con la guerra a las drogas desde planteamientos moralistas y de salud pública, no muy bien fundamentados, la iniciativa de los expresidentes Gaviria, Cardoso y Zedillo de atreverse a proponer cambios en la estrategia de combate al narcotráfico, no deja de ser, aunque pequeña, una ventana que se abre para que Colombia que ha sufrido como ningún otro país sus abominables efectos, se sacuda de la coyunda del norte e intente un acercamiento a este problema de manera más creativa y autónoma. El documento producido por la Comisión Global de Drogas y firmado por personalidades como los expresidentes Fernando Enrique Cardoso, Ernesto Zedillo, César Gaviria, Kofi Annan y Javier Solana, entre otros, revela que se viene ganado un consenso importante en el mundo sobre la necesidad de dar un giro en el cual el Gobierno Colombiano si bien no se suma abre la posibilidad de relativizar el asunto al admitir por lo menos que los resultados no han sido buenos lo cual significa un cambio nada despreciable.
Pero si bi